En una ciudad conocida por su pujante producción frutícola y sus circuitos enoturísticos, ha surgido una propuesta que, cargada de una ironía ácida, busca poner en evidencia una realidad que el asfalto del centro parece ocultar. Cansados de convivir con aguas servidas y olores nauseabundos, vecinos de la zona norte han «lanzado» virtualmente la «Ruta de la Caca».
El reclamo, que se viralizó en las últimas horas, apunta directamente contra la gestión de la intendenta María Emilia Soria. Con un tono que oscila entre la indignación y el sarcasmo, un vecino del barrio Alta Barda propuso emular el éxito de la Ruta del Vino, pero reemplazando los viñedos por el colapso de la red de saneamiento.
«Hacemos una atracción turística en el barrio y mostramos cómo la caca sigue desbordando todo», expresa el vecino en su descargo. La crítica no solo se centra en la emergencia sanitaria, sino en lo que consideran una gestión de «vidriera»: muchas obras estéticas en el casco céntrico, pero una periferia «detonada».
«Los barrios no te importan ni a vos ni a los que tenés al lado. Si te importaran, harían que la provincia venga a hacer algo», sentencia el ciudadano, señalando la inacción coordinada entre los distintos niveles del Estado.
La propuesta periodística de este vecino «guía» no escatima en detalles logísticos:
- El acceso: Ingreso por la Feria de Heredia, descrita como una zona «estropeada» que sirve de antesala al desastre.
- La duración: Un recorrido que podría durar horas si se quisiera filmar cada foco de contaminación.
- El lema: «Que no te la cuenten, vení y vivilo».
El reclamo subraya la desconexión que perciben los habitantes de los barrios periféricos respecto al despacho municipal. «Lo que pasa es que vos, mientras no salga del centro, no te vas a enterar nunca», recrimina el vecino, invitando a la jefa comunal a abandonar la comodidad de la oficina para «sacarse la duda» sobre la calidad de vida en Alta Barda.
Más allá del sarcasmo, el trasfondo es alarmante. El denunciante habla de una «contaminación a full» y un descuido total de la higiene urbana. La imposibilidad de transitar por las calles sin entrar en contacto con desechos cloacales se ha vuelto la norma en un sector que se siente ciudadano de segunda.
Mientras el municipio y la provincia continúan en su eterno juego de responsabilidades compartidas (y culpas delegadas), los vecinos de Roca ya no esperan soluciones mágicas: por ahora, se conforman con que, al menos, la intendenta se anime a recorrer la «ruta» que ellos transitan, obligatoriamente, las 24 horas del día.