Una profunda tristeza y malestar atraviesa por estas horas a la comunidad del Hogar de Ancianos de Patagones. La decisión de la actual jefa de la institución de expulsar a los perros que vivían en el predio ha provocado una ola de críticas, al considerar la medida como «desalmada» e insensible frente a la realidad de los adultos mayores que allí residen.
Los animales, cuyos nombres son Laica, Mapuchita, Rubia y Negrito, no eran mascotas comunes; eran parte integral del ecosistema del hogar. Algunos de ellos llevaban conviviendo con los abuelos hasta 17 años. Entre ellos se encuentra una perrita que atraviesa un diagnóstico de cáncer, lo que hace que su desalojo sea aún más dramático.
Según trascendió a través de un comunicado interno, la orden fue tajante: los animales debían ser retirados del edificio sin posibilidad de retorno. Ante la desprotección y el riesgo que implicaba dejarlos a la intemperie en plena temporada de bajas temperaturas, un grupo de mujeres decidió intervenir de urgencia, trasladándolos a distintos domicilios particulares para resguardarlos del frío.
El vínculo entre los residentes del hogar y estos animales iba mucho más allá de la compañía. En una etapa de la vida marcada a menudo por la soledad, estos «pequeños seres sintientes» representaban la alegría y el sostén afectivo cotidiano.

«Los abuelos preguntan por ellos. Son la luz que acompaña sus atardeceres en un espacio que, de por sí, ya es triste», relatan allegados a la institución.
Diversos estudios gerontológicos y programas de salud a nivel mundial han validado la Terapia Asistida con Animales como una herramienta fundamental para la salud mental y física de los adultos mayores, reduciendo los niveles de estrés, mejorando el estado de ánimo y fomentando la actividad física. Sin embargo, esta realidad parece haber sido ignorada por la dirección del Hogar.

La comunidad de Patagones no ha tardado en reaccionar. En redes sociales, el pedido es unánime: que los perros regresen al hogar. Los vecinos denuncian la frialdad con la que se trató a los animales, comparando la situación con el descarte de objetos en desuso.
«No pueden ser tan desalmados. Ellos corren la misma suerte que muchos de esos abuelos: esperar el alba haciéndose compañía», sentenciaron los impulsores de la campaña que busca visibilizar este caso.

Por el momento, los animales se encuentran en casas de tránsito, pero la esperanza de quienes luchan por ellos es clara: que la administración rectifique su postura y permita que Laica, Mapuchita, Rubia y Negrito vuelvan al que consideran su único hogar, para devolverle la sonrisa a quienes los esperan con los brazos abiertos.