La falsa paz social que intentó proyectar el gobierno de Axel Kicillof tras cerrar la paritaria docente este miércoles parece haber durado apenas unas horas. Mientras desde el Ministerio de Trabajo se celebra el «valor político» de un acuerdo que contempla un incremento del 7% (escalonado en un 5% para julio y un 2% para agosto), la realidad en las escuelas bonaerenses es muy distinta: el malestar entre los trabajadores de la educación crece minuto a minuto.
Para una gran parte de la docencia, el porcentaje acordado resulta insuficiente frente a la realidad inflacionaria, calificándolo sin eufemismos como un «aumento de miseria». La bronca no se limita solo a los números, sino que se ha trasladado directamente hacia la cúpula de los gremios que integran el Frente de Unidad Docente Bonaerense (FUDB).
El silencio de los representantes gremiales tras la firma del acta ha sido interpretado por las bases como una señal de complicidad. En las escuelas, el sentimiento generalizado es de abandono. «Los gremios no reaccionan, están callados. Parece que negociaron a espaldas nuestras», comenta una docente del conurbano, reflejando el sentir de muchos de sus colegas.
La situación es especialmente tensa en Suteba, donde las bases se muestran en pie de guerra. Según pudo saber este medio, la indignación ha alcanzado niveles críticos, y no son pocos los trabajadores que ya han comenzado a evaluar la desafiliación como una forma de protesta ante lo que consideran una traición a la defensa del salario.
«Hay muchos compañeros indignados. No nos sentimos representados por quienes deberían estar peleando por nuestro bolsillo», señalan desde distintos puntos de la provincia. La falta de una voz firme por parte de los sindicatos, que no han logrado torcer la mano de la Provincia para obtener una recomposición que realmente alcance a cubrir las necesidades básicas, ha dejado a la docencia en un estado de vulnerabilidad absoluta.
Si bien el acuerdo incluye la reapertura de la discusión en septiembre y el compromiso de abordar temas como la violencia escolar y el funcionamiento del IOMA, para la base docente esto es insuficiente. «Las promesas no llenan la heladera ni pagan el alquiler«, sintetizan.
Con el fantasma de las desafiliaciones golpeando la puerta de los sindicatos, la pregunta que flota en el ambiente educativo es si las conducciones gremiales podrán contener el descontento o si el malestar se transformará en un quiebre definitivo entre las bases y la dirigencia sindical. Por ahora, el silencio oficial de los gremios no hace más que echar leña al fuego en una paritaria que, lejos de cerrarse, parece haber abierto una crisis de representatividad interna sin precedentes.