Una tensa situación atraviesa «La Casita de Neuen», un dispositivo fundamental de la SENAF en la capital rionegrina. Christian Andraca, quien se ha desempeñado como su coordinador desde 2015 y es parte de la institución desde 2004, fue notificado el pasado martes de que dejaría de cumplir funciones a partir del 1 de junio, una decisión que ha desencadenado una ola de apoyo popular y cuestionamientos hacia las autoridades provinciales.

Andraca relató que la comunicación oficial fue escueta y carente de explicaciones concretas. «Me dicen que he hecho un excelente trabajo, pero que necesitan ‘nuevos aires’ y gente de confianza», señaló el trabajador, quien vinculó la medida a una cuestión política. «Dijeron que querían poner gente propia, como hicieron en Bariloche», agregó, sembrando dudas sobre las intenciones detrás del relevo en un área que funciona con una estructura sólida y vínculos comunitarios construidos durante dos décadas.

A pesar de las gestiones solicitadas desde principio de año, el coordinador asegura que nunca fue recibido por la titular de la SENAF, Silvana Cuyumilla. La única instancia formal de diálogo fue con el subsecretario de Medidas de Protección Integral, Sebastián Sánchez, quien ratificó que la decisión es irreversible, ofreciéndole a Andraca un cambio de funciones a nivel provincial o continuar como operador, propuestas que fueron rechazadas por el referente.

La preocupación se agravó al trascender que, tras la movilización del pasado jueves frente a las oficinas de SENAF, se procedió al retiro de computadoras y herramientas de trabajo del dispositivo. «Uno se pregunta cómo van a quitar herramientas importantes cuando aún estaba en funciones», expresó Andraca, quien calificó estas acciones como un intento deliberado de «debilitar dispositivos» sociales en un año preelectoral.

El respaldo hacia el coordinador no se hizo esperar. Un extenso listado de instituciones (que incluye universidades, juntas vecinales, bibliotecas populares y clubes del barrio Guido) ha manifestado su rechazo al desplazamiento. La comunidad destaca no solo el trabajo técnico, sino el impacto generacional: Andraca ha visto pasar a hijos de quienes fueron sus primeros alumnos en actividades deportivas y culturales.

Lejos de ser un cargo de privilegio económico (el diferencial salarial es de apenas 127 mil pesos), la labor de Andraca se sostiene sobre la base de la identidad institucional y el reconocimiento barrial. «Es el amor propio y el trabajo realizado lo que nos mantiene acá», afirmó.

Por el momento, «La Casita de Neuen», ubicada en la escalera 35 del barrio Guido, continúa con sus actividades habituales. Sin embargo, el futuro del espacio permanece en una nebulosa. La comunidad y los trabajadores mantienen el estado de alerta y esperan un canal de diálogo real con las autoridades de la SENAF para revertir una medida que, según sostienen, pone en riesgo el tejido social construido durante años de presencia territorial en Viedma.

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Por Lucas Roche

✒Lic. Analista y Asesor Político💡 Especialista en Marketing y 🗣Discurso Político📊Campañas Electorales #elpolitologoyelpolitico @lucasroche_politologo