La esperanza de encontrarla con vida se desvaneció este sábado, dando paso a una realidad devastadora. Tras una semana de intensa búsqueda, el hallazgo de restos humanos en un descampado del barrio Ampliación Ferreyra, al sur de la ciudad de Córdoba, confirmó el peor desenlace para Agostina Vega, la adolescente de 14 años que había desaparecido el pasado 23 de mayo.
La noticia, difundida a última hora de la tarde, transformó instantáneamente la angustia de familiares, amigos y vecinos en una ola de indignación popular. «Vamos a prender fuego todo«, fue el grito que sintetizó el sentimiento en las calles de la capital provincial, donde la bronca acumulada por lo que muchos consideran una respuesta tardía de las autoridades se tradujo en una noche de furia.
Agostina fue vista por última vez el sábado 23 de mayo. Según la investigación, la joven se dirigió al domicilio de Claudio Barrelier, en el barrio Cofico, con la excusa de buscar un regalo para su madre. Una cámara de seguridad registró su ingreso a la vivienda, pero ninguna filmación mostró su salida. Barrelier, un hombre que había sido pareja de la madre de la menor, es actualmente el único detenido y principal sospechoso del crimen.
Aunque inicialmente el detenido intentó desviar la investigación con falsos testimonios, finalmente confesó ante el fiscal Raúl Garzón que la adolescente ingresó a su domicilio. Fuentes judiciales sostienen que el acusado habría actuado de manera improvisada y que el crimen se habría producido la misma noche de la desaparición. Tras el rastrillaje que permitió dar con los restos, la Justicia cordobesa trabaja ahora para determinar la mecánica exacta del hecho y si, como sostiene la familia, el sospechoso contó con ayuda logística para deshacerse del cuerpo.
Mientras el dolor se apoderaba del entorno cercano a Agostina (cuya madre permanece internada en terapia intensiva tras sufrir una descompensación al conocer la noticia), el clima en el barrio General Mosconi se tornó tenso.
Cientos de personas se autoconvocaron en los alrededores del domicilio familiar, donde la quema de neumáticos y la presencia de patrulleros formaron un escenario de conflicto. «Nadie nos escuchó. No hicieron nada», reprochaban los allegados, mientras el reclamo de justicia se extendía también contra las autoridades policiales y provinciales.
La movilización, que comenzó en un tono de dolor, derivó en enfrentamientos cuando un sector de los manifestantes se dirigió a una comisaría cercana. Se registraron incidentes, con lanzamiento de piedras y una respuesta policial que incluyó disparos de balas de goma y gases lacrimógenos.
Entre los manifestantes se encontraban compañeros de colegio de Agostina, quienes aún procesan la pérdida de la adolescente. «Agos era buena onda; no merecía morir», expresaron entre llantos, mientras reclamaban que el caso no quede impune.
Por su parte, el abuelo de la víctima, Miguel Heredia, manifestó su dolor y determinación ante la prensa: «A mi nieta me la mataron. Voy a seguir marchando hasta que tenga la justicia que necesita».
Mientras la investigación judicial continúa su curso bajo un estricto secreto de sumario, el caso Agostina Vega ha dejado una herida abierta en la sociedad cordobesa, que hoy exige respuestas claras sobre cómo una adolescente desapareció en el corazón de la ciudad sin que el sistema pudiera evitar este trágico final.