A medida que se acercan las elecciones generales de octubre de 2026, el escenario político en Brasil ha dado un giro drástico. Lo que hace meses parecía una ventaja sólida para la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva (PT) se ha transformado en un empate técnico de alta tensión frente al senador Flávio Bolsonaro (Partido Liberal).
Según el último relevamiento de Datafolha publicado en marzo, la brecha que separaba a ambos candidatos se ha desplomado. En diciembre de 2025, Lula superaba al hijo del expresidente Jair Bolsonaro por 15 puntos; hoy, esa distancia se ha reducido a apenas 3 puntos (46% frente a 43% en simulación de balotaje), situándolos dentro del margen de error.
Analistas políticos sugieren que la consolidación de Flávio como el heredero natural del capital político de su padre ha sido más rápida de lo previsto. «La marca Bolsonaro sigue teniendo una fuerza inmensa en grandes sectores del electorado», señalan desde la Fundación Getúlio Vargas.
El informe electoral destaca una polarización extrema. Ambos candidatos enfrentan niveles de rechazo que rozan el 47%, lo que sugiere que la elección no se definirá por la «esperanza», sino por el «antivoto».
La irrupción de Flávio como líder competitivo ha sacudido a los mercados financieros. Mientras algunos inversores ven con cautela la vuelta del bolsonarismo, otros han reaccionado positivamente ante la posibilidad de un cambio en la política fiscal.
Con el inicio oficial de las campañas previsto para agosto, Brasil se prepara para una de las contiendas más cerradas de su historia democrática, donde cada punto porcentual en los estados clave de Minas Gerais y São Paulo será decisivo.