Según los últimos informes de consultoras líderes, el podio de la negatividad está ocupado por nombres que, por distintos motivos, no logran romper la barrera del rechazo social. Cristina Fernández de Kirchner, Victoria Villarruel y Sergio Massa encarnan hoy las tres caras de una crisis de representación que afecta tanto a la oposición como al oficialismo.
Para la expresidente, la imagen negativa no es una novedad, pero sí una constante que parece haberse cristalizado por encima del 60%. A pesar de mantener un liderazgo indiscutido en un sector del peronismo y de sus recientes apariciones públicas para confrontar el modelo de Javier Milei, su figura sigue asociada para gran parte del electorado a las causas judiciales y a la crisis económica que generó su gobierno junto con Alberto Fernández.
Por otro lado, la vicepresidente de la Nación vive un fenómeno distinto. Tras haber sido una de las figuras con mejor imagen al inicio del mandato, marzo de 2026 la encuentra en un terreno pantanoso. El desgaste propio sumado a las recurrentes tensiones con el «triángulo de hierro» de la Casa Rosada, ha erosionado su capital político. Encuestas recientes muestran que su imagen negativa ha escalado hasta superar el 60% en varios distritos clave.
El exministro de Economía y excandidato presidencial sigue pagando el costo de la inflación récord de 2023. Aunque ha intentado mantener un perfil bajo, cada vez que su nombre aparece en las mediciones, el rechazo supera ampliamente a la aprobación.
Para el ciudadano de a pie, Massa quedó atrapado en el recuerdo de una transición económica traumática. Su imagen negativa se alimenta de la desconfianza: la sociedad lo percibe como un dirigente de «perfiles múltiples» cuya credibilidad ha quedado herida de gravedad. Hoy, el «massismo» lucha por encontrar un lugar en un peronismo que busca renovarse, pero cuya mochila de negatividad parece ser el principal lastre.