En el marco del «Mes Amarillo» de la concientización y camino al Día Internacional de la Prevención del Suicidio —conmemorado cada 10 de septiembre—, dialogamos con el Licenciado Mariano Merillán, Especialista en Vínculos de Familia con Niños y Adolescentes e integrante de la Asociación Red Argentina de Suicidología.

Durante la entrevista, el profesional analizó la problemática a nivel nacional, derribó mitos consolidados y detalló las estrategias fundamentales para el acompañamiento y la prevención comunitaria.

Una mirada social frente a la crisis

Desde la perspectiva de las ciencias sociales, Merillán definió el suicidio no como un acto meramente individual, sino como la imposibilidad temporal de una persona para construir alternativas frente a un dolor o sufrimiento abrumador.

«Los dolores son dolores, no hay unos más importantes que otros. Cuando la carga emocional limita el razonamiento, la persona no encuentra alternativas a su dolencia y evalúa salidas que no son las más deseables, pero son las únicas a las que puede acceder en ese momento», afirmó.

Respecto a las estadísticas nacionales, el especialista calificó la situación actual como «alarmante». Señaló que los datos oficiales suelen registrar únicamente los hechos consumados, invisibilizando la ideación suicida previa. No obstante, identificó que los rangos etarios con mayor nivel de riesgo se concentran en jóvenes de entre 15 y 35 años, así como en adultos mayores.

Factores de riesgo y el peligro de los mitos

El licenciado fue enfático en la necesidad de desmitificar la problemática dentro de la sociedad y en la agenda política:

  • Mitos culturales: Persiste la idea errónea de que «quien lo dice no lo hace» o que el acto corresponde a un desequilibrio psiquiátrico («cosa de locos»).
  • Estructura multidimensional: El suicidio es un fenómeno biopsicosocial donde intervienen dolencias físicas (enfermedades terminales, envejecimiento), factores psicológicos y presiones o situaciones de vulnerabilidad social. Puede afectar a niños, jóvenes, adultos o ancianos de cualquier género.
  • Indicadores de alerta: El aislamiento progresivo, la entrega o desprendimiento de pertenencias de valor afectivo y las manifestaciones verbales reiteradas vinculadas al cansancio de la vida o a la muerte.

Estrategias de contención: la escucha y el acompañamiento

Ante la detección de señales de alerta, Merillán remarcó que cualquier persona de la comunidad puede intervenir sin necesidad de ser un profesional de la salud:

  • Escucha activa sin juzgar: Escuchar al afectado sin dar consejos apresurados ni emitir opiniones.
  • Presencia reconfortante: El simple hecho de permanecer físicamente al lado de la persona transmite validación y demuestra que su vida importa.
  • Activación de redes: Comunicarse de inmediato con la red de contención afectiva (familia, amigos) y con las líneas de atención o emergencia médica.

Formación de operadores y voluntariado

Durante la jornada, Merillán destacó el inicio de la capacitación para la gestión de crisis destinada al personal del Servicio de Emergencia 911 de la provincia de Río Negro, dictada por la Red Argentina de Suicidología. Asimismo, recordó que la institución —con sede de presidencia en Viedma y filiales en Río Negro y Buenos Aires— participará en el II Congreso Nacional de Suicidología el próximo 24 de octubre en Santa Fe.

Por último, invitó a la comunidad a sumarse a las jornadas de sensibilización del próximo 10 de septiembre e inscribirse como voluntarios de la red. «Para ser voluntario no se requiere título profesional, solo compromiso y ganas de acompañar. El acompañamiento salva vidas», concluyó.

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Por Lucas Roche

✒Lic. Analista y Asesor Político💡 Especialista en Marketing y 🗣Discurso Político📊Campañas Electorales #elpolitologoyelpolitico @lucasroche_politologo