El sector energético argentino dio un paso fundamental hacia la consolidación de Vaca Muerta como un polo exportador de escala global. YPF, la mayor productora de hidrocarburos del país, ha confirmado su participación como proveedora y cargadora de gas en el ambicioso proyecto liderado por Transportadora de Gas del Sur (TGS), el cual contempla una inversión estimada en US$ 3.000 millones.
La iniciativa, considerada la obra de procesamiento de gas a gran escala más importante de los últimos 25 años en Argentina, busca industrializar el gas asociado a la producción de petróleo no convencional en la cuenca neuquina. El núcleo del proyecto consiste en la expansión de la planta de Tratayén (en Neuquén) y la construcción de un poliducto de 573 kilómetros que transportará los líquidos hasta un complejo industrial en Bahía Blanca, donde serán fraccionados para su posterior exportación.
Según las proyecciones de las compañías involucradas, el proyecto tendrá un plazo de ejecución de aproximadamente 45 meses. Una vez operativo, se espera que el complejo genere exportaciones anuales por un valor superior a los US$ 1.200 millones, aportando una inyección constante de divisas a la economía nacional.
El impacto en el mercado laboral también es una de las claves de la iniciativa: se estima que la construcción y puesta en marcha del proyecto generará alrededor de 4.000 empleos directos y unos 15.000 puestos de trabajo indirectos, dinamizando la infraestructura y los servicios en las provincias alcanzadas por el trazado.
La integración de YPF al esquema de TGS no es un hecho aislado. La petrolera, junto a otros actores clave como Pampa Energía, Pluspetrol y Chevron, ha decidido aportar el gas asociado de sus áreas para asegurar la viabilidad del procesamiento. Según trascendió, el acuerdo con YPF y las negociaciones en curso con otras operadoras permitirían cubrir el 70% del gas requerido para alimentar la nueva planta.
En este contexto, el proyecto avanza a paso firme hacia su presentación en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), una herramienta que busca brindar la estabilidad fiscal y jurídica necesaria para garantizar el éxito de inversiones de esta magnitud.
El proceso permitirá separar flujos de propano, butano y gasolina natural, productos con alto valor comercial. Por su parte, el metano y el etano residuales volverán a la red comercial para ser volcados al mercado interno, garantizando así el abastecimiento del sistema troncal de gasoductos.
“Hace más de 25 años que Argentina no concreta un desarrollo de procesamiento de líquidos de esta magnitud. Es una inversión clave para consolidar el salto exportador del país”, destacaron fuentes del sector al referirse a la relevancia de esta alianza.
Con este paso, el país busca no solo extraer y exportar materia prima, sino sumar valor agregado en origen, un cambio de paradigma que promete transformar la estructura energética argentina y posicionar a Vaca Muerta como una pieza fundamental en el mapa del comercio exterior global.