En un contexto donde la ludopatía se ha convertido en una problemática creciente y silenciosa, las voces de las nuevas generaciones comienzan a cobrar protagonismo en el Congreso de la Nación. Francisco Mansilla, un joven de 20 años oriundo de Villa La Angostura, se destacó recientemente al participar en el programa «Cambio de Roles», donde tuvo la oportunidad de debatir y promover un proyecto de ley destinado a prevenir y asistir a quienes padecen esta adicción.
Francisco, quien actualmente cursa el tercer año de la carrera de Ciencia Política en la Universidad Torcuato Di Tella, fue seleccionado junto a otros 250 estudiantes de diversas casas de altos estudios para simular la labor legislativa. Durante dos meses, trabajó intensamente en la elaboración de una propuesta integral, enfocada en abordar la ludopatía no solo desde la salud, sino también desde los ámbitos de la educación y la comunicación.
La experiencia consistió en semanas de negociación y búsqueda de consensos con pares de diferentes ideologías. Para Mansilla, este ejercicio fue revelador: «Está bueno darse cuenta que, incluso con posiciones muy apartadas, podemos construir lineamientos comunes. Es importante en un contexto donde cada vez hay pensamientos más polarizados», señaló tras las jornadas de trabajo en comisiones.
El joven angosturense subrayó que Argentina presenta un atraso significativo en materia legislativa respecto al juego compulsivo. «Es una adicción que, a diferencia del alcohol, no tiene efectos físicos tan tangibles. Es una cuestión más comportamental, psicológica, que pasa desapercibida», advirtió, destacando especialmente el riesgo que implican las actuales plataformas de apuestas online.
El momento de mayor tensión para Mansilla ocurrió en el recinto. Durante el debate, los estudiantes habían retirado un artículo clave que proponía la creación de un observatorio de datos sobre la ludopatía, una iniciativa en la que el joven había trabajado activamente.
Decidido a defender la rigurosidad del proyecto, Francisco tomó la palabra ante la Cámara de Diputados colmada. «Cerré mi discurso con la Cámara llena y fue fuerte», recordó sobre el momento en que logró que se repensara la exclusión de esa medida fundamental para que el Estado pueda recopilar datos y dimensionar la problemática.
Para Francisco, esta experiencia no fue solo académica, sino una confirmación de su vocación. Nacido y criado en Villa La Angostura, donde se formó en la escuela Los Andes hasta los 17 años, siempre vio en la Ciencia Política una herramienta de transformación social.
Si bien al iniciar su formación asociaba la política exclusivamente al ámbito estatal, hoy abre su perspectiva a nuevos horizontes. «Con el paso de los años, me di cuenta que también se puede hacer desde otro lado, desde el ámbito privado, las organizaciones civiles, no solo desde el Estado», concluyó el joven, quien hoy se perfila como una de las voces jóvenes comprometidas con los desafíos contemporáneos de la Argentina.