El escenario político de Río Negro atraviesa un momento de tensión inédito. La reciente partida de los legisladores Marcela González Abdala y Daniel Sanguinetti del bloque oficialista Juntos Somos Río Negro (JSRN) no solo constituye una ruptura formal, sino que ha disparado las alarmas en el entorno del gobernador Alberto Weretilneck ante la posibilidad de un efecto dominó que alcance a otros sectores del oficialismo, incluyendo concejales e intendentes.

El hecho, calificado por analistas locales como un suceso «inédito» tras una década y media de hegemonía del partido provincial, coincidió sugestivamente con el lanzamiento de la renovación partidaria impulsada por el gobernador. En dicho acto, Weretilneck posicionó al intendente de Cipolletti, Rodrigo Buteler, como la figura central para liderar la transición hacia el 2027.
Fuentes cercanas al espacio político sugieren que la crisis responde a un desgaste acumulado durante los 15 años de gestión ininterrumpida. «Después de tanto tiempo, hay un desgaste muy grande y una crisis de representación», confió a medios locales un ex funcionario que decidió alejarse recientemente del oficialismo.
El descontento interno también se nutre de cuestionamientos sobre el estilo de conducción del mandatario. Críticos del sector señalan una concentración excesiva de poder, ejemplificada en la gestión de cuestiones energéticas (delegadas principalmente en su entorno más cercano y la escasa) apertura a nuevos actores políticos. Esta dinámica ha derivado en fracturas previas con figuras de peso, como la ex gobernadora Arabela Carreras y el vicegobernador Pedro Pesatti.
A esta complejidad se suma el alejamiento del ex intendente de Bariloche, Gustavo Gennuso, quien tras marcar distancia con el gobierno provincial, fue designado por el Ejecutivo Nacional al frente de la Fundación Intecnus. Este movimiento es interpretado por el sector oficialista como un guiño estratégico de las fuerzas libertarias hacia las próximas elecciones.
Por el momento, la cúpula de Juntos Somos Río Negro intenta contener la situación y blindar el bloque ante posibles nuevas fugas. Sin embargo, en los pasillos de la legislatura provincial el clima es de «fin de ciclo», mientras diversos actores políticos aguardan señales claras para definir sus alineamientos en un escenario rionegrino que, a falta de un año para el próximo proceso electoral, se encuentra en plena ebullición.