El sector de los cuidadores domiciliarios enfrenta un escenario complejo en Río Negro. Con el objetivo de visibilizar la realidad de quienes sostienen el cuidado de adultos mayores y personas con discapacidad, Ana Haro, referente del sindicato CUIDO, expuso durante una reciente entrevista las graves falencias que afectan a los trabajadores, desde la explotación laboral hasta la desprotección absoluta ante enfermedades.

Uno de los puntos más críticos señalados por Haro es el funcionamiento de ciertas cooperativas en Viedma. Según la dirigente, estas entidades incurren en prácticas abusivas: obligan a las cuidadoras, quienes ya operan bajo la modalidad de monotributo, a generar facturas propias para cubrir los servicios que la cooperativa presta a las familias.

«La cooperativa debería generar las facturas con las que trabaja con las familias, y obligan a las trabajadoras a generar facturas para otros trabajadores, lo cual está prohibido por ley», advirtió Haro. Esta irregularidad no solo precariza a la trabajadora, sino que pone en riesgo su matrícula profesional. Ante la falta de intervención de los organismos de control, el sindicato está organizando reuniones con las afectadas para asesorarlas y buscar medidas concretas.

«¿Quién cuida al cuidador?», es la pregunta que resuena con fuerza en los reclamos del sindicato. A pesar de ser trabajadores esenciales, la gran mayoría carece de obra social y seguros de riesgo de trabajo.

Haro enfatizó la paradoja económica: mientras un cuidador debe destinar cerca de $65.000 mensuales solo para mantener activo su monotributo, no cuenta con cobertura médica. Ante un accidente laboral o una enfermedad, frecuente debido al esfuerzo físico que implica la tarea, el trabajador queda librado a su propia suerte, debiendo afrontar costos médicos al 100%.

Para paliar en parte el impacto de la inflación y los aumentos de costos, el sindicato ha fijado una tarifa de referencia para sus afiliados de $10.000 la hora ($15.000 en feriados y fines de semana), valores que, según explicaron, intentan equilibrar la subsistencia del trabajador con la difícil situación de los adultos mayores que cobran la mínima.

Otro foco de conflicto son los hogares de larga estadía (ex geriátricos). Haro denunció que la realidad operativa dista mucho de las normativas vigentes. «Hay hogares donde dos trabajadoras deben atender a más de 20 adultos mayores», ejemplificó.

La sobrecarga de tareas, que incluye desde la alimentación asistida hasta la movilidad, deriva en patologías crónicas para los cuidadores, como hernias discales y problemas de espalda, que muchas veces los dejan inhabilitados para seguir ejerciendo sin una pensión o jubilación digna que los respalde.

A pesar de las dificultades, el gremio ha logrado avances, como la apertura de canales de diálogo en el Concejo Deliberante de Viedma y la reciente expansión de su trabajo hacia General Roca, donde han logrado frenar abusos en la renovación de matrículas por parte de fundaciones privadas.

Haro hizo un llamado directo a las autoridades municipales y provinciales: «No se puede legislar desde una oficina sin conocer la realidad de la calle». El sindicato exige ser parte activa en la planificación de políticas públicas y cursos de formación, reafirmándose como el único interlocutor válido para defender los derechos de quienes, día a día, garantizan la dignidad y el bienestar de los adultos mayores en la provincia.

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Por Lucas Roche

✒Lic. Analista y Asesor Político💡 Especialista en Marketing y 🗣Discurso Político📊Campañas Electorales #elpolitologoyelpolitico @lucasroche_politologo