En las últimas horas, una fuerte polémica sacudió el panorama industrial y político argentino. El dirigente Miguel Ángel Pichetto quedó en el centro de las críticas tras afirmar públicamente que la emblemática fábrica de termos Lumilagro había cerrado sus puertas, dejando a 170 trabajadores en la calle. Sin embargo, la respuesta de la compañía no se hizo esperar y fue categórica: «FALSO. La planta NO cerró, sigue produciendo».

La tensión escaló rápidamente en las redes sociales cuando la empresa decidió salir al cruce de las declaraciones del dirigente peronista. Lumilagro desmintió el supuesto colapso productivo y, por el contrario, detalló un ambicioso plan de crecimiento que contradice el escenario de crisis planteado por el dirigente.
Según explicaron desde la firma, la realidad de la planta es opuesta a la versión de Pichetto. La empresa se encuentra en medio de un proceso de reconversión y expansión que incluye:
- Apertura de locales propios y ampliación de las áreas de marketing y diseño.
- Exportaciones estratégicas a mercados regionales como Uruguay y Brasil.
- Desarrollo de una nueva línea de productos fabricados íntegramente en Argentina, diseñados específicamente para el consumo de mate.
Desde la gerencia de la compañía señalaron que los cambios internos permitieron reducir costos y mejorar la calidad, lo que resultó en una duplicación de las ventas. «El objetivo es que más argentinos accedan a un producto de calidad diseñado para nuestras costumbres», afirmaron, destacando que la innovación tecnológica ha sido la clave para volver a crecer en un mercado competitivo.
Más allá del cruce dialéctico, el episodio reabrió el debate sobre la responsabilidad de los líderes políticos al difundir datos sensibles. La difusión de noticias falsas sobre el cierre de empresas no solo daña la reputación de marcas con trayectoria, sino que genera incertidumbre y miedo en los trabajadores y sus familias.
«Cuando dirigentes políticos difunden información falsa sobre empresas y empleos, desinforman a miles de personas y afectan el clima de inversión», señalaron fuentes cercanas al sector industrial.

En medio del conflicto, Lumilagro aprovechó para lanzar una advertencia a los consumidores sobre la proliferación de termos falsificados en el mercado. La empresa recordó que los productos que no cumplen con las normativas sanitarias pueden ser peligrosos: “Cuidado con los termos truchos. El acero puede ser tóxico”, sentenciaron, reforzando la importancia de adquirir productos nacionales certificados.
Mientras el debate sobre la producción nacional continúa en la agenda pública, la fábrica de Tortuguitas sigue operativa, demostrando que, en esta ocasión, el relato político chocó de frente con la realidad productiva.
