A medida que Argentina transita el inicio de 2026, las miradas de economistas y organismos internacionales convergen en una cifra clave: la proyección de la pobreza para el cierre de este año. Tras un 2025 marcado por una drástica desaceleración de la inflación (que cerró en un 31,5% anual) y un crecimiento del PIB que el Banco Mundial estima en un 4% para 2026, los indicadores sociales muestran signos de una recuperación estructural que no se veía desde hace casi una década.
Según los últimos datos oficiales y proyecciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), la pobreza (que alcanzó picos del 53% en 2024) ha iniciado un camino de descenso sostenido. Habiendo cerrado el tercer trimestre de 2025 en un 27,5%, los analistas proyectan que, para diciembre de 2026, la tasa de pobreza podría perforar el piso del 23%, ubicándose en niveles similares a los de 2017.
Este fenómeno se explica por la conjunción de tres factores determinantes:
- Estabilidad de Precios: Con una inflación proyectada del 20,5% para todo 2026, los salarios del sector formal e informal han comenzado a ganarle la carrera a la Canasta Básica Total (CBT).
- Crecimiento del Empleo: La reactivación de sectores como la energía, la minería y el agro, sumada a la liberalización económica, está absorbiendo mano de obra que anteriormente dependía exclusivamente de la asistencia estatal.
- Focalización de la Ayuda Social: El Gobierno ha mantenido el poder adquisitivo de transferencias directas (como la AUH y el Plan Alimentar) por encima de la inflación, funcionando como una red de contención para los deciles más bajos mientras se consolida la creación de empleo genuino.
A pesar del optimismo oficial, los expertos advierten que el tramo final de 2026 presentará el desafío más complejo: reducir la pobreza estructural. Mientras que la «pobreza por ingresos» responde rápidamente a la baja de la inflación, las carencias en infraestructura, acceso a agua potable y calidad educativa en los barrios más vulnerables requieren de inversiones de largo plazo que apenas comienzan a vislumbrarse.
«Estamos viendo el fin de la pobreza generada por la inflación masiva», explica un informe reciente de una consultora privada. «Pero para llevar la cifra por debajo del 20% en 2027, el país necesitará mantener este ritmo de crecimiento y estabilidad de forma ininterrumpida».
El presupuesto 2026 presentado por el Ejecutivo en septiembre pasado ya anticipaba que «lo peor ha quedado atrás». Para los ciudadanos de a pie, la diferencia se siente en el supermercado: en diciembre de 2025, la canasta básica subió un 4,1%, una cifra que, aunque todavía alta, es una fracción de los saltos mensuales de dos dígitos que marcaron el inicio de la gestión.
Si las proyecciones se cumplen, diciembre de 2026 no solo será recordado por la consolidación del orden fiscal, sino por ser el año en que millones de argentinos volvieron a cruzar la línea de la pobreza, esta vez con la esperanza de no volver a mirar atrás.