El conflicto en el transporte de cereales ha escalado a una fase crítica. Lo que comenzó como un reclamo por la actualización de la tarifa nacional de referencia se ha transformado en un paro por tiempo indeterminado que mantiene en vilo a Puerto Quequén, justo en el momento más sensible del calendario agrícola: la plena cosecha.

La tensión aumentó significativamente tras el rotundo fracaso de la mesa de negociaciones desarrollada en la ciudad de La Plata. Del encuentro participaron actores centrales del sector, incluyendo a las cámaras de transportistas (FETRA, ATCADE, CATAC y FATRAC) y los dadores de carga (Carbap y la Federación de Acopiadores). Sin embargo, las partes se retiraron sin alcanzar un consenso, dejando las negociaciones en un punto de estancamiento que parece difícil de destrabar en el corto plazo.

El núcleo del conflicto radica en el desfasaje entre el valor de los fletes y los costos operativos. Los transportistas aseguran que trabajar con las tarifas actuales es «inviable». El constante incremento en el precio del gasoil, sumado a los elevados costos de los neumáticos y repuestos, ha reducido los márgenes de ganancia al punto de la pérdida, según denuncian desde las rutas.

«Hoy trabajar así no tiene sentido; los ingresos no alcanzan para cubrir lo básico», expresaron manifestantes en los puntos de protesta. Esta situación ha llevado a que el sector decida sostener y reforzar los retenes en las zonas estratégicas.

En la región, el epicentro de la protesta se concentra en dos nodos clave:

  • Cruce de Circunvalación y Ruta 88: Donde la Asociación de Transportistas de Cereales y Afines por sus Derechos (ATCADE) mantiene una fuerte presencia.
  • Circunvalación y Ruta 227: Lugar donde grupos autoconvocados permanecen concentrados, impidiendo el paso de camiones con granos.

Si bien los manifestantes han aclarado que el tránsito para vehículos particulares, servicios de emergencia y cargas generales se mantiene habilitado, el bloqueo al transporte de cereales está generando un impacto directo en la logística portuaria. No solo Quequén se ve afectado; las demoras ya comienzan a reflejarse también en el flujo hacia las terminales de Bahía Blanca.

La medida de fuerza llega en el peor momento para la cadena agroindustrial. Con los campos en pleno proceso de recolección, la interrupción del transporte amenaza con saturar la capacidad de almacenaje en las plantas de acopio y frenar el ingreso de divisas por exportaciones.

Por el momento, el escenario es de incertidumbre total. Sin una nueva fecha de reunión a la vista y con las posiciones radicalizadas, el conflicto en Quequén promete sumar nuevos capítulos de tensión si no aparece una respuesta política y económica que logre equilibrar la balanza de costos para los dueños de los camiones.

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Por Lucas Roche

✒Lic. Analista y Asesor Político💡 Especialista en Marketing y 🗣Discurso Político📊Campañas Electorales #elpolitologoyelpolitico @lucasroche_politologo