En las afueras de una escuela primaria del barrio Santa Genoveva, lo que debió ser un gesto de entrega desinteresada y libertad de expresión se convirtió en el blanco de un ataque mediático y redes sociales. Dos hombres, vinculados a una iglesia evangélica local, se dedicaron a repartir ejemplares miniatura de la Biblia a los alumnos. Sin embargo, la reacción de una madre ha encendido una mecha de intolerancia que pone en duda quién es realmente el autoritario en esta historia.
Resulta llamativo que, en una sociedad que clama por la diversidad y la tolerancia, el simple acto de ofrecer una Biblia, un texto que es cimiento de la cultura occidental, sea catalogado como un peligro inminente. Los voluntarios, que actuaron de manera pacífica y bajo la premisa de su fe, explicaron que su labor responde a un mandato espiritual. No hubo coacción ni ingresos forzados al establecimiento; fue una acción en la vía pública, un espacio donde, hasta que se demuestre lo contrario, circula la libertad.
La indignación de una madre en particular ha tomado protagonismo por su tono desproporcionado. Según su relato, se sintió «ofendida» porque su hija leyó un pasaje bíblico.
Llama poderosamente la atención la rapidez con la que se pasa de la lectura de un versículo a la consigna política: “Vienen por la ESI”, sentenció la mujer. Esta actitud no solo desvía el foco de la intención de los hombres, quienes no estaban dictando cátedra ni reemplazando al Estado, sino que revela un prejuicio ideológico alarmante.
¿Es realmente un peligro un pequeño libro de bolsillo o es el miedo de una madre a que sus hijos entren en contacto con ideas que ella no puede controlar?
- Voluntarios en regla: Los hombres se mantuvieron en la vereda, respetando el espacio escolar sin invadirlo.
- Libertad de elección: Otras familias simplemente rechazaron el material sin necesidad de armar un escándalo público, demostrando que la convivencia es posible sin ataques.
- La reacción desmedida: El uso de frases de barricada para atacar una tradición religiosa sugiere una intolerancia disfrazada de «protección».
Repudiar a dos ciudadanos por el solo hecho de compartir sus creencias es un retroceso cívico. La actitud de esta madre, lejos de proteger la educación de su hija, parece buscar la censura de todo aquello que no se alinee con su propia visión del mundo. Es curioso que quienes más hablan de «libertad» y «apertura» sean los primeros en señalar y denunciar a hombres que, con respeto, solo buscaban entregar lo que consideran un mensaje de esperanza.
En Santa Genoveva, el verdadero conflicto no fue el libro repartido, sino la intolerancia de quien no soportó verlo en manos de otros.