Mientras en el corazón de la Casa Rosada el «Triángulo de Hierro» se concentra en la disciplina fiscal y la apertura de mercados, Victoria Villarruel ya no oculta que su proyecto trasciende el rol de acompañante de Javier Milei. Con gestos calculados en redes sociales y un discurso que rescata el proteccionismo de Donald Trump, la vicepresidente ha comenzado a moldear su propio proyecto personal con tintes peronistas.

En las últimas semanas, la vicepresidente ha dejado de ignorar los pedidos de sus seguidores para que compita por la presidencia en el próximo ciclo electoral. A través de likes estratégicos y respuestas sugerentes en plataformas como X e Instagram, Villarruel valida la narrativa de que ella representa una versión del cambio «más ordenada, institucional y nacionalista».

Este armado no es solo digital. Sus recientes giras por el interior del país (visitando desde fiestas populares hasta plantas industriales) la vicepresidente intenta mostrar su rol nacionalista y territorial.  

El punto de mayor fricción ideológica con el Poder Ejecutivo ha surgido en el terreno económico. Mientras Milei pregona un libre comercio sin restricciones, Villarruel ha encontrado en la figura proteccionista de Donald Trump un símbolo argumental inesperado.

Para la vicepresidente, el éxito de Trump no reside únicamente en su batalla cultural contra el progresismo, sino en su férrea defensa de la industria nacional. Bajo la premisa de «Argentina Primero», Villarruel ha manifestado que una apertura indiscriminada de importaciones podría erosionar la base productiva del país y, por extensión, la soberanía nacional.

«Para Trump primero está Estados Unidos; para mí, primero está la Argentina», disparó recientemente, marcando una frontera clara: su prioridad es el empleo local, incluso si eso implica alejarse de los manuales de la Escuela Austríaca que rigen en Balcarce 50.

Esta postura la ubica en un lugar incómodo pero estratégico. Al defender a las PYMES y la producción manufacturera, Villarruel tiende puentes con sectores del peronismo no kirchnerista que ven con recelo la velocidad del ajuste libertario.

Sin embargo, este juego tiene sus riesgos. La tensión con Karina Milei y Santiago Caputo es pública, y desde el entorno presidencial ya la señalan como una «líbero» que juega para su propio beneficio. La pregunta que recorre los pasillos del Congreso es cuánto tiempo podrá sostener esta bicefalia antes de que el distanciamiento se convierta en una ruptura abierta.

Por ahora, Victoria Villarruel camina sobre una cuerda floja, pero construye su propio altar político. Para ella, el 2027 ya empezó.

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Por Lucas Roche

✒Lic. Analista y Asesor Político💡 Especialista en Marketing y 🗣Discurso Político📊Campañas Electorales #elpolitologoyelpolitico @lucasroche_politologo