El rescate de tres menores que vivieron encerrados durante cuatro años reveló un escenario de pesadilla. Entre pañales y mascarillas, los dibujos hallados en sus cunas son el testimonio más crudo del trauma que padecieron.
Lo que la Policía Local de Oviedo encontró al cruzar el umbral de un chalet en una zona rural de la ciudad no fue solo un caso de negligencia, sino una escena de terror psicológico que ha conmocionado a toda España. Tres hermanos, de entre 8 y 10 años, fueron rescatados tras haber permanecido cautivos por sus propios padres durante casi cuatro años.
Sin embargo, más allá de la suciedad acumulada, el olor pestilente y el aislamiento extremo, un hallazgo en las habitaciones de los niños ha dejado una marca imborrable en los investigadores: los dibujos que cubrían las cunas donde dormían.
A pesar de su edad, los niños dormían en cunas y utilizaban pañales, un signo de la regresión física y emocional a la que fueron sometidos. Pero fue en las barandillas y paredes cercanas donde los menores plasmaron su realidad. Según fuentes de la investigación y expertos que analizaron las imágenes, los dibujos muestran figuras de monstruos, dientes afilados «en forma de sierra» y, de manera recurrente, candados pintados de color rojo.

Para el reconocido psicólogo Javier Urra, quien ha seguido de cerca el caso, estas ilustraciones no son simples garabatos infantiles. «Son la imagen pura del terror y de sentirse apresados», señaló el experto. Los candados rojos simbolizan la barrera física y mental que sus padres, un matrimonio que huyó de Alemania para evitar perder la custodia, impusieron sobre ellos desde 2021.
La investigación sugiere que el encierro fue alimentado por una paranoia extrema de los padres, posiblemente agravada tras la pandemia de COVID-19. Al momento del rescate, los niños vestían hasta tres mascarillas quirúrgicas cada uno, a pesar de estar dentro de su propio hogar.
Los menores no estaban escolarizados, no habían recibido atención médica en años y presentaban serias dificultades para comunicarse, utilizando mayoritariamente el inglés (idioma de su etapa previa en el extranjero) y mostrando un desconocimiento total del mundo exterior.
Tras el operativo policial, los padres perdieron la patria potestad de forma inmediata y los niños fueron puestos bajo la tutela de los servicios sociales del Principado de Asturias. Los especialistas advierten que el camino hacia la recuperación será largo. Los dibujos de los candados son ahora la evidencia principal de un daño psicológico profundo; representan el grito de auxilio de tres niños que, durante 1.400 días, solo conocieron el miedo a través de los barrotes de sus cunas.
El caso continúa bajo investigación judicial, mientras la sociedad española se pregunta cómo una familia pudo desaparecer del sistema durante cuatro años sin que ninguna alarma se encendiera, hasta que el horror se volvió imposible de ocultar.