La Fiesta Nacional del Río debería ser un espacio de encuentro y celebración para Viedma. Sin embargo, este año, las luces del escenario y el despliegue de seguridad no lograron ocultar una realidad mucho más cruda: la lucha de una familia que no se rinde y una gestión municipal que parece más preocupada por la estética de sus postes que por el clamor de justicia de sus vecinos.

La familia de Ramiro Dina empapeló los alrededores del predio de la fiesta con un objetivo simple pero profundo: que el rostro de Ramiro no se borre de la memoria colectiva. A casi un año del hecho, la falta de respuestas los obligó a llevar su reclamo allí donde la ciudad se congrega. Pero la respuesta oficial no fue el acompañamiento, sino la censura.

Según relataron, mientras se colocaban las imágenes de Ramiro, el personal de seguridad del predio comenzó a cercarlos.

“Hace 11 meses luchamos por respuestas. No molestamos a nadie solo luchamos por saber la verdad y que haya justicia. Llegamos a todos pero es más fácil seguir lavándose las manos”, expresaron desde el entorno de la víctima.

El testimonio refleja la frustración ante una burocracia que parece darle la espalda al dolor: “Anoche salimos a colocar carteles de Ramiro por el predio de la Fiesta para seguir tomando conciencia del tema. Mientras recorríamos, nos miraban los de la seguridad. Cuando estábamos terminando, nos dijeron que nos retiremos que no pegáramos más cosas. Pegar un cartel no tiene nada de malo, ¿por qué molesta tanto?”.

La mañana siguiente confirmó lo que la familia temía. En un operativo de limpieza que se destacó por su rapidez, el personal municipal removió sistemáticamente cada rastro del reclamo. No se salvó ni un solo poste de luz, ni un solo tacho de basura.

Lo que resulta más agravante es la justificación técnica esgrimida desde el Palacio Municipal para silenciar un pedido de justicia. Según denunciaron allegados, la excusa fue la preservación del mobiliario urbano.

“Sacaron todos los carteles. Los únicos que no despegaron fueron los pocos que había con engrudo. Le preguntaron a un conocido de la municipalidad por qué los habían sacado y la excusa es que esos postes los reutilizan y no se pueden estropear. Claramente los sacaron a propósito para que la gente no los vea”.

Resulta paradójico y doloroso que en un evento financiado con fondos públicos para «celebrar la identidad de la ciudad», el Municipio decida borrar activamente el rostro de un joven cuya familia solo pide la verdad.

¿Es el cuidado de la pintura de un poste de luz más importante que la visibilidad de una causa judicial estancada? Para las autoridades locales, parece que sí. Mientras la gestión de Viedma se esfuerza por mantener la «prolijidad» del predio, la familia de Ramiro Dina advierte que no habrá operativo de limpieza que logre que el caso caiga en el olvido.

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Por Lucas Roche

✒Lic. Analista y Asesor Político💡 Especialista en Marketing y 🗣Discurso Político📊Campañas Electorales #elpolitologoyelpolitico @lucasroche_politologo