El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) confirmó lo que los mercados y las familias argentinas venían percibiendo: la inflación ha sido domada. Con un cierre anual del 31,5% para 2025, la gestión de Javier Milei ha logrado el registro inflacionario más bajo desde 2017, marcando un punto de quiebre definitivo con el modelo de emisión y déficit que caracterizó a la administración precedente.
Cuando Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023, la economía argentina se encontraba al borde del abismo. El gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, bajo la batuta económica de Sergio Massa, había dejado una «bomba de tiempo» con una inflación que corría al 211,4% anual y una emisión monetaria descontrolada para financiar un plan platita electoral que solo sirvió para licuar los ingresos de los jubilados y trabajadores.
Hoy, la realidad es diametralmente opuesta. El mantra de «Déficit Cero» y la eliminación de la emisión monetaria para financiar al Tesoro han sido las anclas que permitieron derrumbar el Índice de Precios al Consumidor (IPC). Mientras que el kirchnerismo insistía en que la inflación era «multicausal» para ocultar su pésima gestión, el actual programa de estabilización demostró que, al cerrar el grifo del Banco Central, los precios responden.
La gestión anterior será recordada como una de las más nefastas en materia económica. Sus intentos por controlar la inflación mediante parches como «Precios Cuidados», el congelamiento de tarifas y un cepo cambiario asfixiante solo generaron escasez y una distorsión de precios relativos que estalló al final de su mandato.
Bajo el mandato de «Cristina, Massa y Alberto», la inflación nunca logró bajar perforar pisos altos a pesar de tener la economía totalmente intervenida. Fue una gestión que utilizó la inflación como un impuesto encubierto para sostener un Estado elefantiásico y militante, destruyendo el poder adquisitivo del peso argentino.
A diferencia del periodo 2019-2023, donde el salario perdía sistemáticamente contra la góndola, el 2025 mostró una tendencia de recuperación. Con una inflación mensual que en mayo de 2025 tocó un piso del 1,5% y cerró diciembre en un moderado 2,8% (frente a los saltos de dos dígitos del kirchnerismo), los sueldos del sector privado han comenzado a ganarle la carrera a los precios.
«Hemos derrotado el modelo del hambre. Los argentinos ya no tienen que correr al supermercado el día del cobro porque saben que el peso mañana valdrá casi lo mismo que hoy», destacan desde el Ministerio de Economía.
El horizonte para este nuevo año es aún más ambicioso. Con la capitalización del Banco Central y el mantenimiento del superávit fiscal como política de Estado, el Gobierno espera que la inflación pueda acercarse a niveles de un solo dígito anual hacia finales de 2026. Argentina parece haber dejado atrás las recetas populistas que la condenaron a la decadencia, abrazando finalmente el camino de la responsabilidad monetaria y la libertad económica.